Con Emacs no se editan archivos.
Cuando se abre ( "encuentra", en el lenguaje Emacs) un archivo, Emacs lo cópia en un buffer temporal , que es donde se realiza toda la actividad de edición.
Así, en todo momento tendremos dos instancias:
Los cambios que podamos haber realizado en la cópia , mostrada en el buffer solo se reflejarán en el archivo originario cuando guardemos ("salvemos") el buffer.
Los buffers, como los archivos, tienen un nombre. Normalmente, el nombre del buffer suele coincidir con el de su archivo originario
Con lo dicho hasta el momento podriamos pensar que operamos siempre con el tandem buffer-archivo asociado. Esto no es del todo cierto, ya que existen unas cuantas excepciones.
Tenemos el ejemplo del buffer *scratch*.
Cada vez que iniciemos Emacs, sin abrir un archivo existente, se nos presenta un buffer vacio, de nombre *scratch*, en el cual podemos editar normalmente.
Si decidimos guardar el trabajo realizado en dicho buffer, Emacs nos pedirá que asignemos un nuevo nombre al buffer, guardando su contenido en un archivo que se creará y que tomará el nombre que hayamos asignado al buffer.
En la linea de modo [IV.v] de Emacs podremos observar como el nombre *scratch* ha cambiado por el nuevo. A partir de este momento tendremos ya la pareja buffer-archivo asociado.
Como podemos ver, *scratch* se comporta como un buffer temporal del tipo scratchpad
Otro ejemplo de buffer temporal es *Help* , en el que se nos mostrarán los mensajes de ayuda.
Podremos distinguir los buffers temporales por como los presenta Emacs: sus nombres empiezan y finalizan con un caracter *